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La bandera invisible
Viernes, 10 de Diciembre de 2010 00:00
Fue Peter Klaren (“Formación de las haciendas azucareras y orígenes del Apra”, 1976) quien advirtió el origen del Apra en los pequeños y medianos agricultores de los valles norteños desplazados a las ciudades por la expansión de las haciendas azucareras. Sinesio López (“Ciudadanos reales e imaginarios”, 1997) explicó que los principales partidos del siglo XX se formaron para liderar las “incursiones democratizadoras” de las clases medias y populares en el “Estado oligárquico”: las dirigidas por el Apra en 1931 y 1945, y las de las nuevas clases medias dirigidas principalmente por Acción Popular en 1956 y 1963, por ejemplo.

Quizá podamos decir, en esa línea, que el fujimorismo lideró, en los años 90, la incursión (inclusión) en el Estado y el mercado de los sectores rurales y urbanos andinos que habían sido marginados y despojados de su mercado interno no por el orden oligárquico sino por el orden estatista y proteccionista de los años 70 y 80. En ese sentido, el fujimorismo pudo haberse convertido en el partido definitorio de las primeras décadas del siglo XXI, lo que acaso hubiese obligado a los partidos tradicionales –como en Chile– a coaligarse en una concertación para hacerle frente, fundando así un nuevo sistema de partidos. Pero ya conocemos la historia: Fujimori prefirió endurecer su autocracia y romper su propia Constitución, solo para terminar huyendo del país. Diez años después, Fuerza 2011 delata, en su propio nombre, su vocación efímera.

La gran división social actual es la que separa a los formales de los informales. El 70% de los peruanos no tiene acceso a la seguridad social ni a una pensión de jubilación ni a otros beneficios de la formalidad. Claro que también se ahorra sus costos, pero lo hace porque son demasiado altos. El Estado –la formalidad– está rodeado de murallas que hay que abatir. Sorprende que en el proceso electoral en ciernes ningún partido hasta ahora haya recogido esta bandera, que debería ser la demanda central de estos sectores informales mayoritarios: reducir el costo de la formalidad laboral y económica, demoler los muros que impiden el acceso a la formalidad. No sorprende que los partidos de la vieja ola no lo hayan hecho: ellos encarnaron esas mismas demandas de los sectores laborales y profesionales de su época, que se plasmaron en ‘derechos’ y beneficios que hoy forman parte, precisamente, de ese alto costo de la formalidad. Ellos defenderán el estado de cosas actual. Son los partidos emergentes los que tienen que liderar esa batalla, que no debería tener pierde si se plantea bien. Nano Guerra García, por ejemplo, iba en esa línea dentro de Fuerza Social. Pero, lastimosamente, ha sido bombardeado. Nadie más la ve.

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A VECES NO SE SIGUEN LOS INDICIOS
escrito por Rebel, diciembre 21, 2010
... adecuadamente. El fujimorismo antiguo no creía en las estructuras partidarias, el actual, desde hace varios años, se ha consolidado en torno a una hábil estrategia de Keiko al fundar Fuerza 2011 para barrer con los cacicazgos de las diferentes agrupaciones y de paso evidenciar los intereses de personas como los Reggiardo (legítimos pero cismáticos). Sin embargo, desde siempre el fujimorismo cree en el pragmatismo político para llegar a los más pobres. El legado ideológico de Hernando de Soto ha concientizado profundamente las propuestas políticas del fujimorismo, por lo cual la evidencia indica que más bien el tema de la inclusión ha sido y será el núcleo de los planteamientos de Keiko.

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