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Desde que Joseph Schumpeter definió la democracia como un sistema para acceder al poder en el que se compite por el voto de los electores, quedaron claros los tres potenciales problemas de la democracia: la distancia que puede haber entre las promesas electorales y su cumplimiento, la tendencia implícita al “facilismo” de corto plazo y al “socialismo” en la competencia de promesas, que atenta contra las soluciones de fondo, y la consolidación creciente de grupos de interés –que, al obtener beneficios rentistas ofrecidos por los candidatos– finalmente pueden producir lo que Mancur Olson llamaba la “esclerosis de la economía”.
En nuestra campaña electoral, parece haber tomado ventaja precisamente quien ha formulado las promesas más atractivas. Toledo ha ofrecido doblar el sueldo de los maestros e implícitamente ofrece también reducir el precio de los alimentos. Ha sido sobre todo la primera, avalada por su cumplimiento en su primer gobierno, la que le han permitido dar el salto en las encuestas. Y, eventualmente, podrá cumplirla, aunque probablemente a costa de la inversión pública y, lo que es más grave, de la nueva y meritocrática carrera pública magisterial, que, por lo demás, permite incluso más que doblar el sueldo, pero al maestro que suba de nivel pasando una evaluación. En circunstancias en las que esa carrera afronta resistencias del Sutep, de las direcciones regionales autonomizadas y diversos problemas de implementación, la promesa de un alza indiscriminada de sueldos puede terminar echándola por la borda. Y eso sería un retroceso lamentable.
Recordemos que Toledo cumplió, efectivamente, con casi doblar el sueldo de los maestros, pero la calidad de la educación bajó. Ahora está empezando a subir, poco a poco, porque se ha instalado, pese a todo, una dinámica de capacitación y mejora en los maestros para ascender en la carrera. Es esa dinámica vital la que hay que alentar, en lugar de recaer en el facilismo degenerativo del aumento ciego.
Pero así como Toledo tiene a los maestros, Castañeda podría tener a los pobladores de los barrios populares de las ciudades, a los que ofrecerá, entre otras cosas, hospitales de la solidaridad, y Keiko Fujimori a los sectores rurales y, presuntamente, a los militares y policías, a los que ya Rafael Rey ha ofrecido no tocar la cédula viva, otra oferta socialmente negativa. Veremos cómo se segmenta el mercado electoral y qué beneficios se van ofreciendo. ¿Aparecerán propuestas a la vez atractivas y productivas, rentables no solo para el grupo beneficiario sino para toda la sociedad? PPK ofrece, por ejemplo, formalizar: ¿pero es eso atractivo para los informales? Es obligación del periodismo crítico y de los equipos de plan de gobierno impedir que la demagogia electoral arruine la construcción del país.
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ONCE RETOS 2011 – Nº 5 / 11 : PRODUCTIVIDAD Y COMPETITIVIDAD
Por : Ing. Luis Velásquez Labán ( * )
PRIMERA PARTE :Los consumidores o compradores exigen productos y servicios en las mejores condiciones de calidad, precio y oportunidad / puntualidad. Si hay tales atributos habrán clientes satisfechos que repetirán la compra e inducirán y traerán a nuevos clientes. Entonces los empresarios (fabricantes o proveedores) producirán y venderán más ampliando sus negocios. O incluso, si hubie
ra aún demanda, podrían entrar en escena nuevos actores ( otros fabricantes y proveedores ). Aún más, cubierto ya el merca
do nacional , y gracias a la globalización y la tecnología , los empresarios destacados tienen ante si , en el mundo entero, milló
nes de consumidores a quienes podrán también vender (exportar) sus productos y/o servicios.
Tendremos entonces un feliz crecimiento económico que beneficia a toda la población : Al sector empresarial (con sus inversionistas, trabajadores, abastecedores, distribuidores, etc ) . A los consumidores (calidad y buen servicio). A los desocupa
dos, que accederán al empleo y al consumo. A la economía toda , que se dinamiza creando nuevos productos y servicios. Al Es
tado que tendrá más ingresos (impuestos) de empresarios y trabajadores; y podrá con ello hacer infraestructura productiva y crear o mejorar más servicios públicos. A los gobernantes, que cual Toledo o Alan 2, inflarán su ego diciendo “yo lo hice”.
Tal prosperidad (que tenemos ya en grado apreciable gracias a las audaces acciones fujimoristas de los 90’s) es obviamente el resultado de que alguien hizo bien las cosas a su tiempo. Se da cuando todos los actores involucrados (empresarios, gerentes, profesionales, trabajadores, gobernantes, funcionarios estatales, etc) hacen lo suyo con calidad y eficiencia. Hablamos de eficacia y excelencia, de ser clase A; de productividad y competitividad. Hablamos de nuestro Reto 5 para candidatos Voto 2011: