|
Algunos han relacionado el mensaje del perro del hortelano (que impide poner en valor recursos ociosos) con el hecho de que en los ránkings internacionales aparezcamos a la vez con un buen desempeño en instituciones económicas y uno muy malo en educación, diciendo que lo que ocurre es que en el fondo las clases empresariales siguen queriendo mantener a los peruanos en condiciones de ignorancia, para tener el cholo barato que requiere un modelo de exportaciones primarias.
Esa afirmación es pura ideología. No es así, podríamos decir, desde 1872, cuando Manuel Pardo, fundador del Partido Civilista, aplica su plan de desarrollo para el Perú, en el que la educación pública juega el papel central. Lamentablemente la crisis económica y luego la guerra con Chile le impidieron al país profundizar ese camino. Pero en el siglo XX fuimos de los primeros en América Latina en alcanzar una cobertura universal. El problema se produjo en los 70 y los 80, cuando las remuneraciones de los maestros se redujeron varias veces como consecuencia de la inflación, la crisis económica, las prioridades populistas y la contratación clientelista de un número de profesores muy superior a la matrícula, y cuando se les compensó la depresión del salario con la estabilidad laboral absoluta. Fue el populismo el que destruyó la calidad de la educación.
Los empresarios, en cambio, han expresado siempre la necesidad de mejorarla. Esa fue la razón de ser del IPAE y el tema principal de las CADE en los últimos 50 años. Fueron los empresarios los que crearon el Senati en 1960 y el Tecsup unos años después, para la educación técnica. Perú 2021 ha desarrollado proyectos de gestión en escuelas públicas. Y hace un par de años la Confiep creó la Asociación de Empresarios por la Educación, que tiene planes ambiciosos de capacitación de los docentes integrando los programas de responsabilidad social de las empresas.
El problema es que los empresarios han sido débiles. Pero en los últimos 15 años las exportaciones no tradicionales han crecido --en volumen-- a una tasa cuatro veces superior a las tradicionales. Es falso el mito del modelo primario. Los empresarios han sido los primeros en resentir la falta de mano de obra calificada y especializada. Los fundos agroexportadores deben capacitar a sus trabajadores y muchos traen ingenieros agrónomos chilenos o colombianos porque los que preparan las universidades peruanas no sirven. Las industrias deben poner sus propias escuelas de capacitación para calificar obreros, o traerlos de fuera. La propia minería actual necesita mano de obra preparada, y sus obreros están bien pagados relativamente hablando. No hay suficientes ingenieros geólogos con conocimientos especializados en algunos tipos de yacimientos, o en geomecánica y modelamiento de proyectos. Tampoco hay ingenieros ambientales de alto nivel (especializados en manejo de aguas) y faltan tuneleros.
Las universidades están completamente desconectadas. Salen más sociólogos y psicólogos que ingenieros. Y los propios ingenieros no tienen las especializaciones necesarias. Todo esto debido, en parte, a prejuicios ideológicos contra el capital y a la inercia del modelo de desarrollo precompetitivo de los 70 y los 80. Es hora de reunir universidad y mercado.
Las industrias deben poner sus escuelas de capacitación para calificar obreros, o traerlos de fuera. La propia minería actual necesita mano de obra preparada.
 |